portada noticias (10)

INVESTIGACIÓN ESPECIAL

Una ciudad estratégicamente ubicada, atravesada por denuncias reiteradas de corrupción, connivencia y narcotráfico, vuelve a quedar bajo la lupa. Testimonios, constataciones periodísticas y una larga historia de irregularidades describen una realidad que parece no cambiar.
Ubicada en el Departamento San Justo, Las Varillas arrastra desde hace décadas cuestionamientos sobre el funcionamiento del poder político, policial y judicial. La naturalización de prácticas ilegales, la pasividad institucional y la resignación social configuran el escenario de una ciudad señalada como “intocable”.

LAS VARILLAS: LA INTOCABLE
Una vez más, una investigación periodística desarrollada por este medio vuelve a poner bajo la lupa a una localidad que, según múltiples antecedentes y testimonios recogidos a lo largo de los años, ha estado históricamente rodeada de serios cuestionamientos y que durante largo tiempo pareció permanecer al margen de cualquier escrutinio efectivo: Las Varillas, en el Departamento San Justo.
Al sur de la ciudad de San Francisco se encuentra esta otrora pujante localidad, conocida por haber sido la cuna de los tractores “Zanello”. Situada en una zona limítrofe entre dos departamentos y atravesada por corredores viales estratégicos, Las Varillas ha sido tradicionalmente observada con recelo por localidades vecinas, que debieron acompasar su desarrollo al ritmo que imponía la ciudad.
Diversas fuentes consultadas coinciden en señalar que la historia institucional de la localidad exhibe una constante: en distintos períodos y niveles del Estado, tanto provincial como municipal, gobernantes y funcionarios han sido reiteradamente objeto de cuestionamientos públicos por presuntas vinculaciones con prácticas alejadas de la legalidad.
La acumulación sostenida de irregularidades a lo largo del tiempo habría generado un fenómeno aún más profundo: el acostumbramiento social. Según relatan vecinos y actores locales, la reiteración de hechos irregulares habría terminado por naturalizar conductas ilegales, debilitando la percepción social de lo que constituye una transgresión a la ley.
De Las Varillas surgieron figuras de relevancia en la política provincial, como el poderoso exministro del delasotismo Fernando Coisset y el actual ministro de Gobierno de la gestión de Martín Llaryora, Manuel Fernando Calvo, ambos oriundos de la localidad.
En ese contexto histórico aparece reiteradamente mencionado un personaje conocido como el “Indio” Cruz, quien durante años habría regenteado un mentado prostíbulo local y cuyo nombre es asociado, según testimonios coincidentes, a vínculos de poder, connivencia policial y relaciones con sectores judiciales. Algunas fuentes sostienen que aún hoy subsistirían funcionarios que habrían resultado beneficiados por favores dispensados en aquella época.
Relatos recogidos indican que Cruz solía mantener trato frecuente con funcionarios judiciales en un bar cercano al local, y que ejercía una influencia significativa sobre la policía local. Incluso se menciona que ciertos jefes policiales habrían sostenido su permanencia en cargos jerárquicos gracias a contactos políticos de alto nivel durante la primera década de los años 2000.
El declive de ese entramado se habría producido cuando una mujer de nacionalidad brasileña logró escapar del lugar donde se encontraba privada de su libertad y denunció ante la policía la presunta existencia de una red de trata de personas. Según esa denuncia, la actividad no se desarrollaba en el prostíbulo abierto al público, sino en un espacio contiguo, donde funcionaría un ámbito reservado frecuentado por personas de alto poder político de la época. Si bien se mencionaron nombres, esta redacción opta por reservarlos hasta tanto puedan ser debidamente corroborados.
Fuentes actuales consultadas señalan que, pese al paso del tiempo, la situación estructural no habría variado sustancialmente. Lo que sí habría cambiado es la actitud de la ciudadanía, que, cansada de denunciar sin respuestas, habría adoptado una postura de resignación frente a prácticas que se perciben como enquistadas.
En ese marco, la actuación de la policía local es descripta por distintos testimonios como deficiente y pasiva. Se señala, además, la permanencia prolongada de jefes policiales en los mismos cargos durante más de una década, una situación que especialistas en seguridad consideran irregular y contraria a los principios de rotación y control institucional.
En el plano político, se mencionan tensiones persistentes entre distintos sectores partidarios, cuya convivencia habría derivado en disputas internas y parálisis de la gestión municipal.
En el ámbito judicial, se registraron quejas reiteradas respecto del funcionamiento de la fiscalía local. En particular, se denunció la dificultad —cuando no imposibilidad— de comunicarse telefónicamente con el organismo, una situación que esta redacción pudo constatar mediante intentos reiterados de contacto, todos infructuosos, por cierto.
La ubicación geográfica de Las Varillas aparece como un factor clave. A unos 80 kilómetros de San Francisco y Villa María, atravesada por las rutas provinciales 158 y 17, y a escasa distancia del límite con Santa Fe, la conexión directa con Rosario convierte a la zona en un corredor de tránsito sensible para actividades ilícitas.
En ese contexto, numerosos vecinos señalan que la ciudad se habría transformado en un territorio con escasos controles efectivos sobre el narcotráfico y el narcomenudeo. El comercio de estupefacientes, según se afirma, se realizaría con un grado de visibilidad incompatible con la cantidad de procedimientos oficiales registrados.

Durante un relevamiento realizado por este medio, se recogieron denuncias vinculadas a la actividad nocturna. En particular, se mencionaron situaciones ocurridas en locales frecuentados por adolescentes, donde se habría suministrado alcohol y, presuntamente, otras sustancias a menores. Un testimonio dio cuenta de un episodio en el que una joven logró retirarse a tiempo tras advertir que su bebida habría sido adulterada.
A modo de aggiornamiento, se nos indicó que conseguir marihuana resulta extremadamente sencillo: basta con contactar vía Instagram a un sujeto conocido como “Licha”, quien se moviliza en un Fiat Uno gris y realiza delivery, incluso en el “after” ubicado a la vera de la Ruta 158, frente al cementerio. Según se afirma, transporta la droga desde Miramar, recorriendo más de 400 kilómetros dentro del Departamento San Justo y atravesando jurisdicciones de dos Unidades Regionales, sin ser interceptado.
Para adquirir cocaína, el contacto sería una mujer identificada como G. C., domiciliada detrás del cuartel de Bomberos. Vive con una persona altamente adicta que se encargaría de la distribución. El precio oscila entre los $40.000 y $50.000, según el cliente. Existen, además, graves sospechas de explotación sexual de menores en su entorno.
Según datos oficiales, durante el último año solo se habrían registrado tres procedimientos vinculados a estupefacientes, una cifra que resulta llamativamente baja para una ciudad de la magnitud de Las Varillas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio