Se filtra información escalofriante, perturbadora, imposible de ignorar, y, sin embargo, la Justicia y el Tribunal de las Fuerzas de Seguridad la ignoran deliberadamente, miran hacia otro lado, silencian, minimizan, mientras dedican tiempo y recursos a perseguir policías por cuestiones menores, por pedido de jefes que manipulan todo a conveniencia.
Esto NO es un caso aislado, es la radiografía de una institución que sigue siendo profundamente machista, donde las policías mujeres son desoídas, anuladas, desprotegidas,
sus denuncias desaparecen, se pierden en pasillos oscuros, en escritorios que jamás se revisan.
Y lo peor, lo más repulsivo, lo más gravísimo:
👉 Están involucrados jefes de la fuerza élite de la Policía de Córdoba.
👉 Jefes que, con apoyo directo de la Jefatura, están tapando hechos aberrantes.
👉 Hechos que podrían seguir repitiéndose, porque quienes los cometen se mueven con total impunidad.
EL CASO QUE ENCENDIÓ LA ALARMA (y que quieren enterrar)
Todo comienza en la fuerza élite, el E.T.E.R. a uno de sus efectivos supuestamente le roban su armamento provisto en un “asalto violento”, pero la verdad es otra, la verdad es brutal, la verdad es imperdonable:
👉 El arma no fue robada.
👉 El suboficial del E.T.E.R la había dejado arriba del techo de su vehículo.
👉 La perdió en el camino.
Desesperado, vuelve al domicilio de su pareja, también policía y la amenaza de muerte para que no diga nada le promete que “arreglará todo” con un oficial amigo que estaba de guardia ese día, hasta aquí, ya es gravísimo, pero lo que sigue es aún peor.
LA PRIMERA RESPUESTA: SOSPECHOSA, INJUSTIFICABLE, SILENCIADA.
El primer móvil que interviene en el supuesto asalto, no es un móvil de calle es un móvil del E.T.E.R, en una zona donde los patrulleros comunes circulan todo el tiempo, ¿por qué llegaría primero un móvil táctico?, ¿Por qué nadie cuestionó esta irregularidad?, ¿Por qué todo el mundo parece saberlo menos las autoridades? la respuesta es evidente, porque nadie quiere tocar al E.T.E.R., aunque haga falta.
Y LUEGO, DE LA NADA… LA INTERNACIÓN.
El suboficial aparece internado en el Policlínico Policial, con un golpe en la cabeza,
con un golpe en el rostro, una puesta en escena grotesca, un intento ridículo de sostener un “robo violento” que jamás existió.
DESDE ALLI COMIENZA LA PESADILLA PARA LA VICTIMA.
LAS AMENAZAS: UNA ESCALOFRIANTE CADENA DE VIOLENCIA
La mujer, policía, pareja, víctima, empieza a recibir mensajes que hielan la sangre.
Amenazas de muerte, Amenazas contra su familia, Promesas de que la colgará, que la hará desangrarse, que la arrojará a una laguna, mensajes donde se compara con Pedraza, aquel integrante de elite que asesinó a sus hijos antes de suicidarse.
Un nivel de violencia tan extremo que no admite interpretaciones, no admite excusas, y mucho menos encubrimiento, peor aún, el mismo agresor admite en un mensaje, sin filtros ni cuidado, que él fue quien perdió el arma, la confesión está, las pruebas están, las amenazas están, el peligro está, lo único que NO está es la intervención firme de la Justicia.
UN PEDIDO URGENTE, IMPERATIVO, INNEGOCIABLE.
Este caso NO puede seguir oculto, no puede ser otro expediente empolvado, no puede seguir siendo el secreto a voces que nadie quiere destapar, es hora de exigir transparencia, es hora de exigir protección para quienes denuncian, es hora de exigir que las fuerzas élite respondan por sus actos, es hora de romper el silencio que tantos intentan mantener oculto, porque mientras la institución siga tapando monstruos, los monstruos van a seguir actuando.
ESTA VEZ LA VICTIMA HABLO.
Mostró pruebas, pidió ayuda, pero solo recibió el silencio, y el silencio es complicidad.
LOS MENSAJES
“Te voy a buscar cielo y tierra… que te cuelgo”
El agresor inicia con manipulación emocional:
“Vos me vas hacer perder el laburo.”
Inmediatamente cambia de tono y lanza amenazas directas:
“Te voy a buscar cielo y tierra.”
“Que te cuelgo.”
Incluso menciona a otra víctima previa, insinuando un patrón:
“A la otra la va a matar la vida.”
Un inicio que ya anuncia lo que vendrá:
un espiral de violencia verbal con escalada progresiva.
“Ya me conoces cuando me pierdo”
El agresor reconoce su descontrol:
“Me pierdo cuando me joden.”
La frase no es un comentario casual:
es una advertencia.
Un aviso de que cualquier límite podría activar episodios violentos.
Luego remata con una amenaza suicida–homicida:
“Si me voy a matar, pero vos te vas conmigo.”
Escalada homicida: “Voy a matar a todos”
Aquí su discurso se vuelve estremecedor:
“Voy a matar como Matos a todos.”
La referencia no es inocente:
habla de crímenes reales cometidos por personal policial.
Acto seguido agrega:
“Después voy y la mato a la otra.” (Haciendo referencia a su ex pareja con la que tiene 3 hijos)
Un indicador claro de que la violencia no es impulsiva, sino elaborada.
Descripción de un asesinato: “Te voy a cortar las venas”
En una de las capturas más perturbadoras, declara:
“Te voy cortar las venas así ves cómo te morís en cámara lenta.”
Y complementa con un destino macabro:
“A la Laguna Azul te van a sacar.”
Aquí el agresor describe la escena del crimen.
No amenaza:
detalla.

Fantasía de masacre: “En 1 minuto te mato 5/6 personas”
Demuestra una percepción delirante de poder:
“En 1 minuto te mato 5 o 6 personas.”
La víctima intenta razonar.
Él reafirma su capacidad como si fuera un hecho.
Peligrosidad absoluta.
Vigilancia y control: “Sé toda tu vida, tu movimiento”
Otra captura muestra un método de terror psicológico:
“Sé toda tu vida. Tu movimiento.”
Esta frase apunta a controlar, intimidar y generar sensación de persecución.
Luego pregunta:
“¿Qué hacen a la hora que no hay nadie en tu casa?”
Insinuación directa de conocimiento del entorno físico de la víctima.
Crueldad extrema: “Hasta la perra te voy a matar”
Expansión de la amenaza:
“Hasta la perra te voy a matar.”
Los agresores más peligrosos no se limitan a la víctima:
buscan destruir lo que la víctima ama.
Aquí se evidencia ese patrón.
Gaslighting perverso: “No me tengas miedo… solo pensá”
Mientras amenaza, pide confianza:
“No me tengas miedo… solo pensá.”
Una contradicción perversa destinada a confundir a la víctima.
Táctica típica en agresores de alto riesgo.

Comparación con un homicida real: “Pedraza mató a sus dos hijos”
En otra captura, menciona a un miembro real del ETER que asesinó a sus hijos:
“Recordá que Pedraza mató a sus dos hijos.”
La referencia es escalofriante.
El mensaje implícito es evidente:
“Si él lo hizo, yo también puedo.”
Amenaza a terceros: “Yo me llevo a alguno”
Otra frase escalofriante:
“Yo me voy… pero me llevo a alguno.”
Significa:
si actúa, no solo la víctima está en riesgo.
Cualquier persona alrededor podría convertirse en objetivo.
Ahorcamiento premeditado: “Te voy a ahorcar frente tuyo” (haciendo referencia a su mascota)
Aquí el agresor describe el método de muerte:
“Te la voy a ahorcar frente tuyo.” Hablando de mascota de la víctima
Es un nivel de especificidad propio de agresores con riesgo letal elevado.

Y PARA CORONAR.
Se expone un intercambio de mensajes que profundiza aún más la gravedad de los hechos previamente denunciados. En la conversación, el agresor, quien ya se encuentra imputado por lesiones, coacción y amenazas calificadas, vuelve a manifestar una conducta intimidante y hostil, reforzando el patrón de violencia previamente documentado.
En uno de los mensajes, se observa una expresión directa de presión emocional acompañada de una amenaza velada:
“Y haceme pasar vergüenza ajena en la base y te juro su hijo que yo no me voy quedar con eso.” Estas palabras, dirigidas a una compañera de fuerza, evidencian un intento explícito de manipulación y amedrentamiento, utilizando incluso el nombre de un familiar como herramienta para reforzar el peso de la amenaza.
La víctima, en respuesta, deja en claro su percepción del peligro al calificar el mensaje como “Amenazas de muerte”, lo que demuestra el nivel de temor y la sensación de desprotección que atraviesa frente a la conducta reiterada del implicado.
La conversación continúa con un intento de minimizar responsabilidades por parte del agresor, quien expresa, “Yo perdí el arma por pajero y me dejaste bien solo.” esta frase no solo confirma un hecho gravísimo la pérdida o retención indebida de un arma reglamentaria, sino también una actitud de culpabilizar a la víctima, intentando desplazar su responsabilidad personal hacia ella. La víctima, intentando mantener la calma en un contexto claramente amenazante, responde, “Vos estabas contenido.” Una expresión que indica que ella, en todo momento, actuó para evitar un daño mayor ante una situación que ya estaba fuera de control.
Esta captura se suma al conjunto de pruebas que reflejan una conducta persistente, peligrosa y absolutamente incompatible con el rol institucional que desempeña el agresor.
El tono hostil, las amenazas explícitas y la referencia a armas reglamentarias refuerzan la preocupación por la seguridad de la víctima y de terceros.
Indignante. No hay otra palabra para describir lo que está ocurriendo. El efectivo del grupo elite E.T.E.R, aquel mismo que amenazó con total descaro a una mujer, sin el menor pudor, sigue trabajando como si nada dentro de la unidad, sí, aunque cueste creerlo, está imputado y aun así continúa formando parte del equipo táctico más especializado de la Policía de Córdoba.
PERO ESPEREN POR QUE LO MAS INSOLITO RECIEN EMPIEZA.
Este hombre, denunciado por lesiones, coacción y amenazas calificadas, lejos de ser apartado o investigado como corresponde, está dictando el curso de ingreso para los futuros integrantes de esta prestigiosa unidad. ¡Un imputado enseñando, guiando y formando a quienes algún día portarán armas de grueso calibre!, ¿es un chiste de mal gusto?, no lamentablemente, es real.
Y para coronar semejante incoherencia institucional, aparece lo más increíble:
sigue subiendo fotos en un campo de tiro, posando con armamento en la cintura y cargadores repletos de municiones, como si fuera un modelo de catálogo táctico y no una persona con prohibición moral, y debería ser legal de tener acceso a cualquier tipo de arma.
Increíble, Insólito e Inaceptable, todo esto ocurre gracias al aval de los jefes del E.T.E.R, jefes que como no podía ser de otra manera— también están denunciados por corrupción, señalados por haber encubierto un falso procedimiento, y que ahora vuelven a cruzar todos los límites intentando seguir transgrediendo las leyes con total impunidad.


